Oportunidades de negocios frente a la relación comercial entre China y la región de América Latina y el Caribe

Estudios económicos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) revelan que en un lapso de diez años, China y los países de América Latina como región se han convertido en importantes socios comerciales. Impulsado por el auge del intercambio de commodities para la fabricación de bienes, el comercio entre China y América Latina y el Caribe (ALC) creció a una tasa del 31.2% anual entre 2000 y 2011, interrumpido solo brevemente por la crisis financiera de 2009. A lo largo de este proceso, China se convirtió en el segundo socio comercial de ALC (con el 13.7% del comercio total de la región en 2015) y el principal socio comercial de países como Brasil, Chile y Perú. Aunque con niveles más moderados, la participación de ALC en el comercio chino también creció sustancialmente y llegó a alcanzar el 5.9% en 2015, cuando la región se convirtió en un proveedor clave de materias primas como cobre, mineral de hierro y soya.

No obstante, desde 2012, este auge se ha nivelado. El crecimiento del comercio bilateral se desaceleró drásticamente y se tornó negativo en 2014, producto de una marcada desaceleración del crecimiento tanto de China como de ALC, atribuible a factores que van desde una lenta recuperación de la economía mundial, hasta los rendimientos decrecientes de la expansión china y políticas macroeconómicas inadecuadas en algunas de las mayores economías de nuestra región. Estos cambios han suscitado interrogantes sobre el futuro de la relación.

¿Implica esta desaceleración un nuevo patrón y una pérdida de dinamismo del comercio bilateral? ¿O se trata simplemente de una corrección cíclica, motivada por un ciclo inusualmente largo de los productos básicos?

La respuesta correcta a esta pregunta quizás combine elementos de ambos escenarios posibles, pero el ajuste cíclico parece explicar la mayor parte de la historia, al menos porque no ha habido ningún cambio significativo en los fundamentos subyacentes al dinamismo de la última década.

En efecto, es poco probable que China vuelva a crecer a tasas de dos dígitos porque inexorablemente ya está experimentando rendimientos decrecientes. A medida que crecen los inventarios de capital y se agotan las ganancias de productividad asociadas con la movilidad de los trabajadores a actividades de mayor productividad, el rendimiento de la inversión tiende a caer y lo mismo sucede con el crecimiento.

A su vez, la caída del crecimiento sumada a la creciente participación de los servicios en el PIB se traduce en un menor dinamismo de la demanda de productos básicos.
De acuerdo a cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2016, China detenta un PIB per cápita de US$7,989. Además este país está todavía muy lejos de tener tasas de rentabilidad tan bajas como las que se observan en los países desarrollados y tampoco presenta niveles de participación de los servicios en el PIB tan altos como los de aquellos.
Precisamente por estas razones, la mayoría de los analistas no ven que la economía china pueda caer por niveles debajo del 6%, al menos no antes del final de esta década. Si a estas expectativas les sumamos el hecho de que no se vislumbra ninguna mejora en cuanto a sus limitaciones en términos de recursos naturales, no es difícil ver un escenario en el que el crecimiento de la demanda de productos básicos de ALC siga siendo sólido, aunque no tan gigantesco como en la década pasada.
Asimismo, la dotación de factores de cada una de las dos partes sugiere que ALC seguirá siendo un importador dinámico de bienes fabricados en China, aunque es probable que la composición cambie en la medida en que en el país asiático sigan creciendo los salarios y los acervos de capital físico y humano.
En síntesis, si nos asomamos al futuro, no hay ninguna razón para creer que el comercio bilateral perderá relevancia ni que su patrón se alterará radicalmente. De acuerdo con análisis del BID, el escenario más probable es el de una relación más madura, que seguirá siendo muy positiva, pero en la que los gobiernos y el sector privado tendrán que redoblar sus esfuerzos si quieren explotar al máximo las ganancias potenciales del intercambio.

El empresario Vistage está atento a las nuevas condiciones que se derivan de los cambios en las estructuras productivas tanto en China como en nuestros países. Bajo una perspectiva oriental, el riesgo se puede asimilar al concepto de oportunidad. En momentos en que los cambios económicos son sinónimo de riesgo, las oportunidades están dispuestas para quien desee afrontarlos. Hoy más que nunca el análisis de las posibles combinaciones en los escenarios globales se torna importante en la definición de la estrategia ganadora, aún en tiempos difíciles.

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