La función es primero

No me refiero a un espectáculo, claro está.

Porque de igual manera que en el proceso de institucionalización de una empresa, en su orientación hacia fuera primero está su Misión, en la mirada hacia adentro lo primero debe ser comenzar con definir las funciones, antes que elegir a las personas.

Sin embargo, en las empresas familiares el proceso que casi siempre siguen sus directivos es a la inversa: primero tienen a la persona (un pariente, casi siempre) y luego le crean la función.

Por demás está mencionar las consecuencias que acarrea esta actuación, en contra de lo que marca la lógica de los negocios. Yo lo llamaría “darse un tiro a su propio pie”.

El elegido no necesariamente es el más capaz, la función puede ser innecesaria o redundante y el trabajo en equipo es conflictivo; los resultados son mediocres o malos, los costos resultan sobrecargados, la armonía en el trabajo se rompe, las luchas palaciegas por el poder se convierten en intrigas y la administración de la empresa se complica. Las consecuencias se encaminan al exceso de estrés, a la pérdida de esfuerzos y del patrimonio familiar; a la ruina.

¿Suena catastrofista? o es la crónica de una muerte anunciada. Pero ¿qué soluciones existen?

Lo primero es tomar conciencia de la realidad; estar convencidos, no sólo el fundador, sino toda la familia, de que en los asuntos de la empresa los negocios son primero y, para ello, entre más pronto elabore un “Protocolo familiar” será menos doloroso y difícil tomar las decisiones correctas y éstas serán mejor aceptadas por los involucrados. Es fácil pecar por omisión, esperando corregir las cosas después, pero para entonces ya existirán intereses creados.

Pero será mejor tarde que nunca. Si la empresa va bien, todos estarán contentos y ayudarán a preservar el patrimonio familiar, en beneficio de todos.

Resulta particularmente difícil dirigir una empresa cuando la pareja participa en la conducción del negocio sin haber establecido previamente, de común acuerdo, las reglas del juego. La estrechez de sus vínculos y los posibles conflictos entre ellos, como pareja, son razones más que suficientes para elaborar, con previsión, las reglas del juego en el manejo del negocio.

Para ello ayuda sobremanera la participación de un asesor neutral y la participación de terceros en un Consejo de Administración.

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